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Religión muisca para niños

Enciclopedia para niños

La religión muisca es el conjunto de creencias y prácticas espirituales que tenían los muiscas, un pueblo indígena de Colombia, desde hace mucho tiempo, antes de la llegada de los españoles. Hoy en día, algunos grupos buscan mantener vivas estas tradiciones y su forma de ver el mundo.

¿Cómo veían el mundo los muiscas?

Los muiscas tenían historias especiales para explicar cómo se creó el universo y cómo surgieron los seres humanos.

Mitos de la creación del mundo

El mito de Bague, la Madre Abuela

Al principio, solo existía Bague, a quien llamaban la Madre Abuela. Cuando Bague gritó, aparecieron los dioses, la luz, las plantas, los animales y los muiscas. Los dioses llenaron una olla con semillas y piedras, y sembraron estrellas en el cielo. Las migajas que quedaron las lanzaron lejos, y así nacieron más estrellas.

Pero todo estaba quieto, nada se movía. Los dioses visitaron a Bague y le contaron su preocupación. La Madre Abuela preparó una bebida que los dioses tomaron hasta dormirse. En sus sueños, todo se movía: los pájaros cantaban, las cascadas sonaban y las personas trabajaban. Cuando los dioses despertaron, la luz se extendió y todo tuvo movimiento, tal como lo habían soñado.

El mito de Chiminagagua

Antes de que existiera algo en el mundo, en la oscuridad, había una gran luz dentro de algo llamado Chiminagagua. De allí salió la luz, y todo se iluminó. Después, Chiminagagua creó todo lo demás en el mundo. Las cosas más hermosas que creó fueron el Sol y su compañera, la Luna.

El mito del Sol y la Luna

Archivo:Templo del Sol - Suamox - Smoke at Fiesta del Huán
Templo del Sol en Sogamoso durante una celebración de la Fiesta del Huán, que conmemora los acontecimientos narrados en el mito de los caciques Sogamoso y Ramiriquí.

En las regiones de Hunza (hoy Tunja) y Sogamoso, se contaba que cuando el mundo amaneció, ya existían el cielo y la tierra, pero no el Sol ni la Luna. Todo estaba oscuro y solo había dos personas: el Cacique de Sogamoso y el de Ramiriquí (o Tunja).

Estos caciques crearon a los seres humanos: a los hombres los hicieron de tierra amarilla, y a las mujeres de una hierba alta con tronco hueco. Para dar luz al mundo, el cacique de Sogamoso le pidió a su sobrino, el de Ramiriquí, que subiera al cielo y se convirtiera en el Sol. Pero como el Sol no era suficiente para iluminar la noche, el cacique de Sogamoso también subió al cielo y se hizo Luna. Esto ocurrió en el mes de diciembre, y desde entonces se celebraba este evento con una fiesta llamada Huan, especialmente en Sogamoso.

El mito de Bachué, la madre de la humanidad

Poco después de la creación del mundo, de la Laguna de Iguaque salió una mujer llamada Bachué, también conocida como Furachogua, que significa "mujer buena". Ella venía con un niño pequeño de unos tres años. Bajaron juntos de la sierra a la sabana, donde construyeron una casa. Vivieron allí hasta que el niño creció y se casó con Bachué.

Tuvieron muchos hijos, y Bachué era tan fértil que en cada parto tenía de cuatro a seis hijos. Así, la Tierra se llenó de gente muy rápido. Bachué y su esposo viajaron por muchos lugares, dejando hijos por todas partes. Después de muchos años, ya viejos, llamaron a sus descendientes para regresar a la laguna de donde habían salido.

Cuando estuvieron junto a la laguna, Bachué les habló, animándolos a vivir en paz y a seguir las leyes y enseñanzas que les había dado, especialmente a honrar a los dioses. Al terminar su discurso, se despidió entre lágrimas de todos. Ella y su esposo se convirtieron en dos grandes serpientes y se metieron en las aguas de la laguna para no volver. Sin embargo, Bachué se apareció después en muchos otros lugares.

Mitos de la civilización muisca

El mito de Bochica, el maestro

Archivo:Bochica
Monumento a Bochica, héroe civilizador (y/o dios) de los muiscas, en Cuítiva (Boyacá).

Según este mito, hace mucho tiempo, un hombre desconocido llegó a la Sabana de Bogotá desde los llanos del Oriente. Era de piel clara, ojos azules, con cabello y barba largos hasta la cintura. Vestía una túnica y andaba descalzo. Entró por el pueblo de Pasca y luego fue a Bosa, donde se le murió un camello que traía. Los muiscas conservaron sus huesos.

Este hombre, conocido como Bochica, también recibió otros nombres como Chimizapagua (que significa "mensajero de Chiminigagua"), Nemqueteba o Xué. Bochica enseñó a los muiscas a hilar algodón y a tejer mantas, ya que antes se cubrían con algodón crudo. Desde Bosa, fue a Fontibón, Funza, Serrezuela (hoy Madrid, Cundinamarca) y Zipacón, y luego siguió hacia el Norte.

En Cota, pasó varios días enseñando a mucha gente de los pueblos cercanos. Hablaba desde un lugar alto, al que le hicieron un foso para que la gente no lo molestara y pudiera hablar libremente. Allí construyeron después un santuario. Por las noches, Bochica dormía en una cueva en las montañas de Cota. Luego continuó su viaje hacia el Nordeste, llegando a la región de Guane (hoy en el departamento de Santander). Desde Guane, se dirigió al Este y entró en las regiones de Hunza y el valle de Sogamoso, donde finalmente desapareció.

El mito de Sadigua

Los historiadores antiguos dicen que a Bochica se le conocía como Sadigua en las regiones de Hunza (Tunja) y Sogamoso. Sadigua significaba "nuestro pariente". También lo llamaban Sugumonxe ("que se hace invisible") y Sugunsua ("hombre que desaparece").

El primer pueblo al que llegó en esa zona fue Ganza (hoy Gámeza), en un lugar llamado Toyú, donde estuvo tres días en una cueva. Allí lo visitaron los caciques de Ganza, Bubanza (Busbanzá), Socha, Tasco, Guaquirá y Sátiva, en ese orden. Sus pueblos alcanzaron importancia según el orden en que llegaron. Entre ellos, Sogamoso fue el más destacado. Cuando Sadigua llegó a Otga, Nompanen, el cacique de Sogamoso, salió a recibirlo con toda su gente.

Sadigua enseñó a hilar algodón y a tejer mantas, además de dar consejos sobre la moral y la vida en comunidad. Cuando llegó al pueblo de Iza, desapareció, dejando la huella de uno de sus pies marcada en una piedra.

El mito de Huitaca

Tiempo después de que Bochica desapareciera, llegó una mujer de gran belleza llamada Huitaca, o Xubchasgagua. A veces se la identificaba con la diosa Chía, o como su hija. Huitaca enseñó ideas diferentes a las de Bochica. Decía que se podía vivir una vida relajada, llena de diversión y fiestas, y que no debían ayudar a los necesitados, ni siquiera a sus propios padres.

El mito del Salto del Tequendama

Archivo:Salto del tequendama by FranciscoA. ZeaB
Salto del Tequendama, creado, según el mito, por el poder de Bochica.

Como los muiscas habían dejado de respetar a los dioses, ofendieron a Chibchacum, quien antes había sido uno de sus dioses más queridos. Chibchacum decidió castigarlos inundando la sabana. Hizo que los ríos Sopó y Tivitó se unieran al río Funza (antiguo nombre del río Bogotá). La inundación destruyó muchos cultivos y causó la pérdida de vidas humanas.

El pueblo clamó a Bochica con ayunos y ofrendas para que los librara de esa calamidad. Finalmente, una tarde, con un gran estruendo, Bochica apareció sobre el arcoíris. Tenía una vara de oro en la mano, la cual lanzó hacia la sierra que bloqueaba el agua. Al instante, se abrió el Salto del Tequendama, permitiendo que las aguas fluyeran. Como castigo por la inundación, Bochica sentenció a Chibchacum a cargar el mundo sobre sus hombros. Cada vez que Chibchacum cambia de hombro para descansar, se produce un temblor de tierra. A Huitaca, Bochica la castigó convirtiéndola en lechuza.

Los sacerdotes muiscas

Los chyquy

Los sacerdotes muiscas se llamaban chyquy. Eran los encargados de dirigir las ceremonias religiosas más importantes. Siempre eran hombres y no podían casarse ni tener ningún tipo de relación. Vivían apartados en los templos. Si alguno no cumplía con su compromiso, era retirado de su cargo.

Eran muy respetados por la comunidad y se les consultaba para resolver todo tipo de problemas. Comían y dormían muy poco, y ayunaban con frecuencia. Pasaban la mayor parte de las noches masticando hayo (una planta) y hablaban muy pocas veces, solo lo necesario. Masticar hayo era muy importante para los chyquy, ya que los ayudaba a mantenerse despiertos y concentrados.

La forma de elegir a los nuevos sacerdotes era igual que la de los gobernantes: el sobrino, hijo de la hermana, era quien heredaba el cargo.

El aprendizaje de los chyquy era muy estricto. El joven debía vivir recluido desde su infancia durante doce años en un templo especial para la enseñanza, llamado Cuca. Allí era guiado por un chyquy anciano. No podía comer sal ni ají. Después de los doce años de aprendizaje, se le perforaban la nariz y las orejas para ponerle adornos de oro.

En la ceremonia de iniciación, toda la comunidad lo acompañaba a una fuente o quebrada de agua limpia, donde debía bañarse. Luego se vestía con mantas nuevas y se dirigía a la casa del gobernante del pueblo. El gobernante le entregaba un poporo de oro (un recipiente para el hayo), una mochila para llevar el hayo y algunas mantas nuevas. Así, el nuevo chyquy podía ejercer su labor en su territorio, ya que cada pueblo tenía su propio chyquy. Después se hacía una fiesta de varios días con danzas, ofrendas a los dioses y mucha chicha (una bebida fermentada).

Los chyquy se encargaban de enterrar a los gobernantes, pero solo ellos podían asistir, y el lugar del entierro siempre era secreto. Si alguien era descubierto espiando, era atado a una viga y ejecutado con flechas.

Los mohanes

Los mohanes, o mojanes, eran sacerdotes más libres e informales, que no vivían en los templos. Se asentaban en cuevas y a orillas de los ríos, entre los arbustos. Llevaban mochilas con hojas de coca, una escobilla y un hueso de venado pintado con el que aspiraban polvo de yopo (otra planta). Se untaban el cabello con ceniza y se cubrían la cabeza con pieles de animales cuando danzaban.

Lugares sagrados

Además de los templos, los muiscas consideraban sagrados muchos lugares naturales como montañas, cerros, peñas, lagunas, bosques, ríos, árboles y fuentes de agua. Los veneraban porque creían que allí vivían divinidades o porque eran importantes para el equilibrio de la naturaleza. También consideraban sagradas ciertas avenidas por donde decían que había caminado Bochica, y la región de Suamox, donde había fallecido y dejado a su sucesor.

Bosques sagrados

Los muiscas consideraban algunos bosques como sagrados. Por eso, no se atrevían a cortar ni un árbol, ni siquiera una rama, porque decían que estaban dedicados a los dioses.

Plantas y árboles sagrados

Archivo:Myrcianthes leucoxyla
Arbusto de Arrayán.

Algunas de las plantas y árboles sagrados para los muiscas eran:

  • Tyhyquy (Brugmansia sanguinea, conocida como "borrachero").
  • Tabaco
  • Arrayán
  • Nogal
  • Guayacán

Lagunas sagradas

Archivo:Laguna Guatavita Yuri Romero Picon
Laguna de Guatavita.

Aunque todas las lagunas eran sagradas de alguna manera, las más importantes eran:

  • Laguna de Iguaque: De esta laguna, según el mito, salieron Bachué y el niño con quien luego se casaría. Tiempo después, regresaron a sus aguas, transformados en serpientes.
  • Lago de Tota: En este lago, según las leyendas locales, vive el Monstruo del Lago de Tota.

Las siete lagunas sagradas de la ceremonia de "Correr la Tierra" eran:

  • Laguna de Ubaque
  • Laguna de Teusacá
  • Laguna de Guaiaquiti
  • Laguna de Tibatiquica
  • Laguna de Siecha
  • Laguna de Guasca
  • Laguna de Guatavita
  • Laguna Negra Mongua

Tierra sagrada de Suamox

Los muiscas creían que la región de Suamox (hoy Sogamoso) era una tierra sagrada. Esto se debía a que allí falleció Bochica, quien además estableció que el chyquy de Suamox sería su sucesor y heredero de sus enseñanzas. Los chyquy de Suamox hablaban una lengua secreta que solo ellos conocían, y que les había sido transmitida por el mismo Bochica.

Avenidas sagradas

Los muiscas tenían ciertas calles o avenidas que consideraban sagradas, pues decían que por allí había caminado Bochica. Nadie podía pisar esas avenidas, excepto los líderes más importantes. Al pueblo solo se le permitía ese honor durante algunas ceremonias religiosas. El cronista Fray Alonso de Zamora cuenta que una de esas avenidas, en el Valle de Sogamoso, medía cien leguas de largo.

Templos muiscas

Archivo:Templo del sol
Reconstrucción del Templo del Sol.

Los templos muiscas eran construcciones redondas con techos de paja, paredes cubiertas con esteras (a veces pintadas) y el suelo con paja suave y seca. Las construcciones se sostenían con troncos de guayacán traídos de los Llanos Orientales. Estos troncos se clavaban en grandes agujeros. El interior de los templos era muy oscuro, ya que solo tenían una puerta baja. Por fuera, estaban rodeados por una cerca de madera con varias puertas hechas de cañas delgadas unidas con cuerdas.

A los templos muiscas acudían hombres y mujeres para pedir favores a los dioses y hacer ofrendas. También eran los lugares de entierro de los chyquy, quienes vivían dentro. Adentro tenían muchas estatuas de los dioses y de los antepasados, hechas de madera, arcilla blanca, cera, telas, oro y plata. Siempre estaban en parejas de hombre y mujer, vestidos con mantas de algodón pintadas de muchos colores.

Los muiscas distinguían tres tipos de casas ceremoniales: los cusmuy, los chunsua y la Cuca.

  • Chunsua: Casa ceremonial relacionada con el Sol.
  • Cusmuy: Casa ceremonial relacionada con la Luna.
  • Cuca: Lugar de estudio donde se formaban los futuros chyquy, y a veces también las autoridades civiles.

Ofrendas y ceremonias

Archivo:Colombian - Standing Man with Miniature Raft - Walters 572289
Tunjo muisca.

Ofrendas con tunjos

Las ofrendas que los muiscas daban a los dioses eran principalmente tunjos de oro, plata y cobre. Estas figurillas tenían formas de personas o de animales como serpientes, ranas, lagartijas, mosquitos, hormigas, gusanos, tigrillos, monos, mariposas y aves, entre otros. También ofrecían diademas, brazaletes, vasos y cascos, a menudo con esmeraldas.

Ofrendas de agua y sahumerios

Una forma de ofrecer a los dioses era derramando agua dentro del templo y encendiendo sahumerios (incienso). Esto se hacía en momentos específicos, considerados adecuados, y cada momento era anunciado con cantos por el chyquy.

Ofrendas de animales

Los animales usados para las ofrendas eran principalmente aves. La sangre se derramaba en el suelo del templo atando las cabezas de las aves y dejándolas colgadas.

Ofrendas especiales

Las ofrendas especiales se realizaban bajo dos condiciones:

  • La primera era si en una guerra contra un pueblo enemigo capturaban a un joven que parecía no haber tenido experiencias. A este joven lo llevaban a un templo y lo ofrecían en medio de cantos.
  • La segunda condición era que el ofrecido fuera uno de los jóvenes llamados moxas o mojas. Cada cacique tenía un moxa, y algunos dos. Estos jóvenes eran comprados a mucha distancia del territorio muisca, en un lugar llamado "Casa del Sol". Se compraban entre los 7 y 8 años, a precios muy altos, porque se creía que podían hablar con el Sol y recibir sus respuestas. Eran muy respetados y siempre se les cargaba en hombros. Cuando llegaban a la edad adulta, eran ofrecidos y su sangre se daba a los dioses.

En ambos casos, la forma de la ofrenda era la siguiente: Antes del amanecer, se llevaba al joven a la cima de una montaña mirando hacia el Oriente. Al llegar al lugar, comenzaba una ceremonia con himnos a los dioses. El joven era acostado en una manta en el suelo, y allí se le realizaba la ofrenda con un cuchillo de caña. La sangre se recogía en un recipiente y luego se untaba en unas piedras sagradas donde debían caer los primeros rayos del Sol. El cuerpo del joven a veces era enterrado en cuevas o sepulturas, pero otras veces se dejaba al aire libre para que el Sol lo "consumiera".

Ritos y ceremonias importantes

Ritos funerarios

Momia muisca en el Museo del Oro de Bogotá.

El cronista Fray Pedro Simón contó que los muiscas: "No abandonaban a sus enfermos como lo hacían otras naciones cuando estaban a punto de fallecer, sino que muchos se reunían para verlos morir, hasta que expiraban". Además, "consideraban afortunado al que moría por un rayo o por un accidente o muerte repentina, porque había pasado esta vida sin dolores".

Este cronista también describe diferentes formas de entierro. A veces, los cuerpos de los fallecidos se secaban lentamente sobre fogones. Otras veces, eran enterrados dentro de templos o casas. Y otros eran enterrados directamente en los campos, envueltos en una manta, y sobre su tumba se sembraba un árbol. Juan de Castellanos añade que, como señal de luto, durante los entierros se ponían mantas pintadas de rojo, e incluso muchos se teñían el cabello con un colorante rojo.

El luto duraba seis días con reuniones familiares, en medio de cantos en memoria del fallecido, música, hayo, chicha y bollos de maíz. Fray Pedro Simón relata: "La gente más importante lloraba a sus difuntos otros seis días después de enterrados, y hasta les hacían aniversarios por algún tiempo, invitando a sus parientes que juntos lloraban al difunto al son de instrumentos tristes y voces que cantaban sus grandes logros. Al final se alegraban con chicha y masticando hayo (...) La gente común invitaba a estos lutos, y con bollos de maíz que daban al final a los invitados, terminaban las ceremonias".

La ceremonia de El Dorado

Archivo:Museo Del Oro, Bogota (24976759882)

La ceremonia muisca de El Dorado, o Eldorado, se realizaba en la Laguna Sagrada de Guatavita. En ella, el Psihipqua (heredero del trono) tomaba posesión del cargo de Zipa. La descripción que hizo Juan Rodríguez Freyle en 1636 en su libro Conquista y Descubrimiento del Nuevo Reino de Granada, conocido como El carnero, recoge lo que contaron algunos muiscas que vivieron antes de la llegada de los españoles.

Después de un proceso de preparación, el Psihipqua debía ir a la Laguna Sagrada de Guatavita para hacer ofrendas a los dioses. En la orilla de la laguna, había una balsa de juncos preparada y adornada. En la balsa había cuatro braseros encendidos donde se quemaba mucho moque (el incienso de los muiscas) y resina, con muchos otros perfumes. Alrededor de la laguna, como espectadores, estaban toda la nobleza, los principales gobernantes y muchos habitantes, así como los güecha (guerreros) y los chyquy (sacerdotes), todos con sus mejores vestimentas y muchas antorchas encendidas.

Cuando llegaba el Psihipqua, le untaban aceite de resina por todo el cuerpo y lo cubrían con oro en polvo, de modo que su cuerpo quedaba totalmente dorado. Luego subía a la balsa, donde iba de pie. A sus pies ponían un gran montón de tunjos de oro (figurillas que representaban a los dioses) y esmeraldas, como ofrendas. En la balsa entraban los cuatro principales Uzaques (nobles de sangre pura), y cada uno llevaba su ofrenda.

Una vez que la balsa partía, muchos hombres en la orilla comenzaban a tocar instrumentos musicales como cornetas y fotutos. Todos los asistentes aclamaban al Psihipqua hasta que la balsa llegaba al centro de la laguna. En ese momento, se alzaba una bandera, que indicaba silencio. Entonces el Psihipqua hacía su ofrenda a los dioses, arrojando todo el oro y las esmeraldas a la laguna. Los Uzaques que lo acompañaban hacían lo mismo con sus ofrendas. Después, el Psihipqua se sumergía en el agua para que el oro en polvo también se desprendiera como ofrenda.

Cuando terminaban, se bajaba la bandera, que había estado alzada durante la ofrenda. La balsa regresaba a la orilla, y se alzaba un gran griterío con música y danzas alrededor de la laguna. Así quedaba nombrado el nuevo Zipa.

Festividades muiscas

Las festividades muiscas estaban relacionadas principalmente con el ciclo de la agricultura y el ciclo de la vida. Gonzalo Jiménez de Quesada cuenta en su libro que los muiscas: "Son gente muy aficionada a cantar y bailar a su manera, y esos son sus placeres". Según el cronista Juan Rodríguez Freyle, en las fiestas muiscas no podía faltar la chicha: "Lo más importante era que hubiera mucha chicha para beber en las fiestas nocturnas".

Sobre sus cantos, música y bailes, donde se mezclaban risas y llantos, ritmos tristes y alegres, Lucas Fernández de Piedrahíta dice: "gastaban mucha cantidad de chicha; danzaban y bailaban al ritmo de sus caracoles y fotutos; cantaban juntos algunos versos o canciones en su idioma que tienen cierta medida y ritmo, como villancicos y canciones tristes de los españoles. En este tipo de versos cuentan lo que sucede ahora y lo que pasó, y en ellos critican o alaban el honor o la falta de honor de las personas a quienes los componen; en los temas serios hacen muchas pausas y en los alegres mantienen el ritmo, pero siempre sus cantos parecen tristes y fríos, y lo mismo sus bailes y danzas, pero tan coordinados que no se equivocan ni un poco en los gestos y movimientos. Normalmente hacen estos bailes en círculo, tomados de las manos y mezclados hombres y mujeres".

Fiestas de la siembra y la cosecha

Lucas Fernández de Piedrahíta, en su Historia general de las Conquistas del Nuevo Reino de Granada, describió detalladamente las fiestas de la siembra y la cosecha que celebraban los muiscas: "Otra de las ceremonias más impresionantes que hacían eran las procesiones, a las que asistían sus reyes o caciques, en ciertos momentos del año, especialmente en la época de siembra o cosecha. Se formaban en avenidas anchas de más o menos media legua de largo. Las personas que participaban (sin contar la innumerable multitud de gente que iba a verlas) serían de diez a doce mil, que la noche anterior se lavaban el cuerpo para ir al día siguiente más elegantemente adornadas".

Pintados de rojo y negro y disfrazados de animales, comenzaba el carnaval: "Se dividían en grupos con diferentes trajes y disfraces, adornados con piezas de oro y otras joyas que abundaban, aunque todos se pintaban el cuerpo de rojo y negro. Unos representaban osos, otros pumas andinos y otros tigres (es decir, cubiertos con sus pieles), y (...) muchas otras representaciones de animales diversos. Los sacerdotes iban con coronas de oro en forma de mitras, seguidos por un largo grupo de hombres pintados, sin disfraz ni joya alguna, y estos lloraban y pedían a Bochica y al Sol que mantuvieran el poder de su rey o cacique y le concedieran lo que pedía en esa procesión, para lo cual llevaban máscaras con lágrimas, tan reales que daban ganas de verlas".

A Piedrahíta le sorprendía que después de los que rogaban y lloraban, la procesión continuaba con otro grupo de risas, bailes y alegrías que celebraba los favores concedidos: "lo más divertido de todo era que inmediatamente después entraba otra multitud, unos riendo a carcajadas y saltando de alegría, y otros diciendo que el Sol ya les había concedido lo que los primeros le pedían con lágrimas, de modo que de las risas, llantos y gritos, se formaba un alboroto como se puede imaginar (...) detrás de esa alegría descontrolada iban otros con máscaras de oro disfrazados y con las mantas arrastrando por el suelo como colas (...) con el fin de barrer el camino para que otros danzaran, pues casi les pisaba las mantas otra gran multitud de ellos ricamente adornados, bailando y cantando al ritmo triste y lento de sus maracas y flautas, y tras ellos otros y luego otros, y tantos con diferentes ideas, que no es fácil escribir la diferencia de sus grupos y galas, más propias de fiestas para el ocio que de procesiones dedicadas a la religión".

El cacique cerraba la procesión, vestido con los mejores adornos, mostrando su poder: "El último lugar lo ocupaba el rey o cacique con el adorno y la majestuosidad más costosos que le era posible, y aunque era enorme el número de personas que lo seguían y la diferencia de los trajes que llevaban, indicaba que eran grupos distintos (...) y lo que no parecerá creíble (...) era la gran cantidad de oro que llevaban en joyas tan diversas, como máscaras, mitras, patenas, medias lunas, brazaletes, tobilleras y figuras de varios animales (...) por muy temprano que comenzara esta fiesta, no era poco volver por la noche con la procesión al palacio, donde se gastaba su chicha". El cronista termina su relato señalando la dificultad que tuvieron para acabar con esta popular fiesta muisca: "Estas procesiones continuaron por muchos años después de que el reino fue conquistado, y ninguna ceremonia se eliminó de sus costumbres con tanta dificultad como esta".

Fiestas de los caciques

En los meses de enero, febrero y parte de marzo, se realizaban festividades en las que los caciques se invitaban unos a otros. En estas fiestas, según Fray Pedro Simón: "Hombres y mujeres se tomaban de la mano formando un círculo y cantando canciones, a veces alegres, a veces tristes, al son de flautas y fotutos; tenían en el centro las vasijas de chicha de donde bebían, esto duraba hasta que caían embriagados".

Fiestas de la construcción de cercados

Igual de festivo era el transporte de las piedras y los grandes postes necesarios para construir los cercados. En estas ocasiones tampoco faltaba la chicha, los cantos, los adornos y la pintura corporal, como relata Piedrahíta: "juntando al mismo tiempo la voz, los pies y las manos al ritmo de la voz de uno que les sirve de guía, de la misma manera que cantan los marineros en los barcos, y para ellos este ejercicio es tan agradable que lo consideran una fiesta, y para entonces se ponen penachos de plumas y medias lunas; se pintan y se adornan, y llevan mucha cantidad de chicha que beben".

Fiestas de inauguración de cercados

Fray Pedro Simón relata que: "Después de terminado el cercado, el cacique invitaba a todo el pueblo a una gran fiesta que duraba muchos días, en la que había muchos juegos, bailes y entretenimientos". Mientras duraba la fiesta, y continuando con la mezcla de tristezas y alegrías, de celebración de la vida y de la muerte entre los muiscas, dos hombres mayores permanecían en la entrada, cubiertos por una red, ayunando y tocando una música melancólica que recordaba la inevitable realidad de la muerte a los alegres festejantes: "estaban en la puerta del cercado, desde la mañana hasta la noche, sin comer ni beber, dos indígenas, ya mayores, de pie, cubiertos con una red grande para cazar pájaros, tocando unas flautas y haciendo una música melancólica y triste para significar con aquello de forma más clara lo que representaban estando allí en esa postura, que era la muerte. Porque decían que la red era su instrumento, pues mataban con ella las aves. De lo que era bueno que se acordaran en todos los juegos, fiestas y entretenimientos, y por eso estaban en la puerta de la fiesta para que antes de ella, se les recordara a todos los que estaban allí que iban a morir". Risas y llantos siempre estaban juntos, alternándose en las ceremonias: "Y aun entre los festejos de adentro había indígenas con instrumentos que hacían músicas tan tristes, que incitaban a llorar a todos, de vez en cuando, en medio de los festejos y bailes. Todos los indígenas usaban estas fiestas siempre que estrenaban casas nuevas". De estas fiestas formaban parte integral las carreras por avenidas que salían del cercado: "Para hacer más solemnes estas fiestas de la dedicación de sus casas, los caciques ordenaban que algunos jóvenes de buena condición corrieran cierta distancia (...) a veces de más de cuatro leguas (...) y los más valientes, superando a los demás, regresaban más pronto a la casa de donde habían salido, donde el cacique los premiaba por su valentía a medida que llegaban".

Galería de imágenes

Véase también

Kids robot.svg En inglés: Muisca religion Facts for Kids

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Religión muisca para Niños. Enciclopedia Kiddle.