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Lebrela de Términos para niños

Enciclopedia para niños

La Lebrela de Términos fue una perra muy especial que vivió una aventura increíble hace muchos años. Según los relatos de Bernal Díaz del Castillo, un explorador español, esta perra se perdió o fue abandonada por los exploradores en una isla de México. Esto ocurrió alrededor de junio de 1518, durante una expedición liderada por Juan de Grijalva para explorar la región de Yucatán. La isla donde se quedó la perra se llama hoy Isla del Carmen, y está cerca de la Laguna de Términos.

La lebrela, que es un tipo de perro muy rápido y bueno para cazar, sobrevivió sola en la isla durante unos diez meses. Fue rescatada en marzo de 1519 por la flota de Hernán Cortés. Aunque Bernal Díaz del Castillo dice que la perra se perdió con Grijalva, otras historias, incluyendo la del propio Hernán Cortés, sugieren que pudo haberse perdido en una expedición anterior, la de Hernández de Córdoba en 1517. Si esto fuera cierto, la perra habría vivido sola en la isla por casi dos años.

No importa si fue en el viaje de Hernández de Córdoba (1517) o en el de Grijalva (1518), lo más probable es que la perra fuera usada para cazar animales como conejos, liebres y venados, que eran muy abundantes en la Isla de Términos. Quizás se perdió durante una cacería, por la prisa de los barcos en aprovechar el viento, o simplemente por un descuido.

Cuando un barco de la flota de Cortés, que se había separado por una tormenta, regresó a esas aguas en marzo de 1519, la lebrela salió a recibirlo. Al principio, parecía muy nerviosa al ver la nave, pero luego hizo muchas acrobacias de alegría al reconocer a sus dueños. Se veía sana y bien alimentada. Algunas historias cuentan que la lebrela recordó de inmediato su habilidad para cazar y se adentró en el bosque para traer conejos a sus amos. Cuando el resto de la flota encontró el barco perdido, sus cuerdas estaban llenas de pieles de conejos, liebres y venados, ¡trofeos de caza de la perra después de varios días de trabajo en Términos!

Este artículo te contará más sobre lo que sabemos de la lebrela de Términos, su aventura, y dónde se menciona su historia en libros antiguos.

El lugar: Isla y Laguna de Términos

La Isla de Términos recibió su nombre de Antón de Alaminos, un marino español. Él fue el piloto en tres expediciones que exploraron Yucatán y las tierras al oeste de Cuba entre 1517 y 1519. Estas expediciones fueron lideradas por Francisco Hernández de Córdoba, Juan de Grijalva y Hernán Cortés.

Al principio, los españoles pensaron que la península de Yucatán era una isla. En 1518, mientras seguían la costa, entraron en una gran laguna con una pequeña isla en el centro. Creyeron que allí terminaba el territorio insular, por eso la llamaron "Términos" a la laguna y a la isla.

Esta isla, que hoy se conoce como Isla del Carmen en el estado de Campeche, México, fue el lugar donde la perra sobrevivió uno o dos años. La isla cambió su nombre el 16 de julio de 1771, día de la Virgen del Carmen. Los españoles celebraron así la expulsión de los piratas que usaban la isla como refugio y causaban problemas en el Golfo de México. La laguna que separa la isla de la costa de Campeche todavía se llama Laguna de Términos.

¿Dónde está la Isla del Carmen?

18°39′10″N 91°47′50″O / 18.65278, -91.79722

¿Cómo se perdió la lebrela?

Bernal Díaz del Castillo estuvo en los viajes de Grijalva y Cortés, y también en el de Hernández de Córdoba. En el capítulo diez de su libro Historia Verdadera, cuenta brevemente cómo la perra llegó a Términos durante la expedición de Grijalva:

[...]Y había mucha caza de venados y conejos, y matamos diez venados con una lebrela y muchos conejos. Y luego desque todo fue visto y sondado nos tornamos a embarcar, y allí se nos quedó la lebrela[...]

Pero hay otra historia del viaje de Grijalva, escrita por el capellán de la expedición, Juan Díaz. Su documento, llamado Itinerario de la Armada del rey Católico a la isla de Yucatán, en la India, el año de 1518, en la que fue por comandante y capitán general Juan de Grijalva, no menciona a la lebrela, aunque sí habla de la caza:

[...]En esta tierra encontramos conejos, liebres y ciervos[...]

Además, el propio Hernán Cortés, al hablar del rescate de la lebrela, dice de dónde venía:

[...]con una perra que en la dicha isleta hallaron, que se había quedado, de los navíos del dicho Fernández de Córdoba, primero descubridor.

Andrés de Tapia, un soldado amigo de Cortés, también escribió sobre el rescate de la lebrela. Él no aclara si se perdió con Hernández o Grijalva. Francisco López de Gómara, que no estuvo presente y se basó en otros relatos, también dudaba:

[...]No sabían si la lebrela fue de Córdoba o de Grijalva

Debido a estas diferencias en los relatos, es posible que Bernal Díaz se haya equivocado y que la lebrela fuera abandonada por Hernández de Córdoba. Juan Díaz y Hernán Cortés escribieron sus informes muy pronto, mientras que Bernal empezó a escribir muchos años después, cuando ya era mayor, y su memoria pudo haber mezclado los detalles.

El rescate de la lebrela: Un reencuentro feliz

El momento más emocionante de esta historia es el reencuentro de la lebrela con los exploradores, diez meses después. Cualquiera que conozca a los perros puede imaginar la alegría de la lebrela al sentir que sus dueños regresaban. Bernal Díaz del Castillo lo cuenta de forma sencilla, explicando que no lo vio directamente, sino que los marineros de un barco que se había separado por una tormenta, liderado por un capitán llamado Escobar, fueron quienes llegaron a Términos y luego contaron la historia:

[...]y halló la lebrela que se hobo quedado cuando lo de Grijalba, y estaba gorda y lucia [tersa, vistosa]. Y dijo el Escobar que cuando la lebrela vio el navío que entraba en el puerto, que estaba halagando con la cola y haciendo otras señas de halagos, y se vino luego a los soldados y se metió con ellos en la nao[...]

Andrés de Tapia, en su relato, añade más detalles emocionantes:

[...]halló [Cortés] el navío que le faltaba, el cual navío tenía por la jarcia de él mucho número de pellejas de conejos y liebres, y algunos pellejos de venados pequeños y grandes. Y dijeron los españoles del dicho navío que luego que allí llegaron vieron andar un perro español por la costa y ladraba hacia el navío; y cómo saltaron en tierra el capitán del navío y algunos españoles vieron una lebrela de buen talle, y se vino a ellos y los halagaba, y se volvió al monte y les comenzó a traer conejos, y con esta lebrela cazaban los días que allí estuvieron, y tenían hecha alguna cecina de conejos y venados [...]

Hernán Cortés también recuerda el encuentro con el barco perdido en la Isla de Términos:

[...]y en una isleta questaba dentro de la dicha bahía, halló el navío que se había perdido, e toda la gente muy buena; e se mantenían de conejos e venados que mataban en la dicha isleta, questaba despoblada, con una perra que en la dicha isleta hallaron, que se había quedado de los navíos del dicho Francisco Hernández de Córdoba[...]

La versión de Francisco López de Gómara es un resumen de la de Andrés de Tapia:

[...]Los halagó con la cola saltando de uno a otro con las patas delanteras, y luego se fue al monte que estaba cerca, y al poco rato volvió cargada de liebres y conejos. Al otro día siguiente hizo lo mismo, y así conocieron que había mucha caza por aquella tierra[...]

Existen más relatos sobre la aventura de la lebrela, pero la mayoría son copias o explicaciones de los primeros. Francisco Cervantes de Salazar, en su Crónica de la Nueva España (1595), ofrece la descripción más larga de la época, pero se basa casi por completo en los relatos de Andrés de Tapia y Gómara.

La lebrela en los libros de historia

Muchos historiadores han hablado de la lebrela de diferentes maneras. Algunos la mencionan brevemente, mientras que otros, como Salvador de Madariaga o William H. Prescott, no la incluyen en sus biografías de Cortés.

Hugh Thomas, en su gran libro La conquista de México, dice que los exploradores de Grijalva dejaron accidentalmente una "hembra de mastín" que fue recuperada al año siguiente. Él se basa en Díaz del Castillo. La confusión entre "lebrel" y "mastín" podría deberse a que en esa época no se diferenciaban mucho las razas de perros. Sin embargo, la habilidad de la perra de Términos para cazar se parece más a la de un lebrel (galgo) que a la de un perro de guardia como un mastín.

Juan Miralles, en su libro Hernán Cortés, inventor de México, dedica un capítulo completo a la lebrela de Términos. Miralles cree que la perra fue olvidada en la expedición de Hernández de Córdoba. Esto se basa en que ha encontrado errores en los relatos de Bernal Díaz y ha usado nuevas fuentes, como la mención de Cortés sobre la perra de la expedición de Hernández. Miralles señala que si la lebrela se perdió con Hernández, entonces Bernal también se equivoca en la ruta de ese primer viaje.

La lebrela en la literatura

La historia de la lebrela de Términos ha inspirado a escritores. El autor mexicano Fernando Benítez, en su libro La Ruta de Hernán Cortés, narra de forma hermosa la historia de la lebrela, siguiendo más los relatos de Andrés de Tapia y Gómara. Benítez la describe como "uno de los pocos tiernos sucesos que consigna la historia de la conquista".

La lebrela incluso tiene su propio poema, escrito por José de Arrazola a finales del mismo siglo en que ocurrieron los hechos. Arrazola sigue la historia de Gómara, pero en su poema, la lebrela ya no regresa "cargada de liebres y conejos", ¡sino con un venado en la boca en cada viaje! Además, Cortés está presente en el poema, aunque sabemos que no fue testigo directo del rescate.

La lebrela y otros perros de la época

Como se mencionó, algunos historiadores llaman "mastín" a la lebrela. En realidad, solo sabemos que era una perra muy buena cazando, que atrapaba, mataba y llevaba las presas a sus dueños ella sola. Este tipo de caza se ha practicado desde hace mucho tiempo, y los perros usados suelen ser lebreles (también conocidos como galgos). La lebrela de Términos debió ser realmente increíble, porque incluso con varios galgos y ayuda humana, a menudo las liebres logran escapar. Si realmente cazaba venados y los transportaba, podría haber sido un perro más grande, como un mastín o un alano. Pero entonces, su éxito con conejos y liebres sería menos probable.

Los exploradores españoles llevaban muchos perros. Se cree que eran perros lobos irlandeses y mastines, o también lebreles y alanos. Los alanos eran perros de guerra, más grandes, fuertes y valientes, usados para guardia, combate y caza mayor. El alano español actual es un perro grande y fuerte, similar a los de la Edad Media. Es posible que algunos cronistas se confundieran al nombrar a los perros o los llamaran "lebreles" de forma general. Por ejemplo, en la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, Fray Bartolomé de las Casas menciona:

[...] enseñaron y amaestraron lebreles, perros bravísimos que en viendo un indio lo hacían pedazos en un credo [...] Estos perros hicieron grandes estragos y carnecerías

Es probable que los perros que menciona Las Casas fueran en realidad alanos, dogos o mastines, y que la lebrela de Términos fuera un perro especializado en la caza menor, no un perro de guerra.

Los pueblos indígenas también hablaron de los perros en sus relatos. En la recopilación de testimonios indígenas Visión de los vencidos, Miguel León-Portilla incluye una descripción de los perros que se le hizo a Moctezuma, recogida por Fray Bernardino de Sahagún. Esta descripción sugiere más a un alano temible que a un lebrel.

En cualquier caso, la historia de la lebrela de Términos es una de las pocas historias amables que se pueden contar sobre el papel de los perros en la exploración de América. Se recuerdan los nombres de algunos perros, como Becerrillo, que estuvo en la exploración de Puerto Rico, y su hijo Leoncico, que acompañó a Núñez de Balboa cuando descubrió el Pacífico. Pero el recuerdo de estos perros está más relacionado con eventos difíciles que con la historia de lealtad y supervivencia de la lebrela de Términos.

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Lebrela de Términos para Niños. Enciclopedia Kiddle.