José Juan Fernández de Villavicencio para niños
Datos para niños José Juan Fernández de Villavicencio y Corral |
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| Información personal | ||
| Nacimiento | 1849 |
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| Fallecimiento | 3 de enero de 1910 |
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| Nacionalidad | Española | |
| Familia | ||
| Padre | Lorenzo Fernández de Villavicencio Cañas y Portocarrero | |
| Información profesional | ||
| Ocupación | Militar | |
| Lealtad | Carlos VII | |
| Rango militar | Comandante | |
| Conflictos | Tercera guerra carlista | |
| Título | Marqués de Castrillo | |
| Partido político | Comunión Tradicionalista | |
José Juan Fernández de Villavicencio y Corral (1849-1910) fue un noble y militar español. Nació en Alhaurín el Grande, Málaga, y falleció en Madrid. También fue conocido como el marqués de Castrillo. Era hermano de Manuel Fernández de Villavicencio, quien también fue militar.
La vida del marqués de Castrillo
José Juan Fernández de Villavicencio nació en una familia muy importante de la nobleza española. Su padre, Lorenzo Fernández de Villavicencio, tenía varios títulos, como duque de San Lorenzo y marqués de Castrillo.
Cuando José Juan tenía diez años, recibió oficialmente el título de marqués de Castrillo. Estudió en Francia y regresó a España en 1867. En ese momento, se estaba preparando para unirse a la escuela de caballería.
Sin embargo, la Revolución de 1868 cambió sus planes. Él decidió apoyar a Carlos de Borbón, quien buscaba el trono de España. Por su apoyo, Carlos de Borbón le dio el rango de alférez (un oficial joven).
Desde el principio, el marqués de Castrillo mostró un gran entusiasmo por la causa de Carlos de Borbón. Un escritor de la época, Francisco de Paula Oller, lo describió como un joven muy dedicado y valiente. Dijo que él y otros jóvenes militares se esforzaron mucho para aprender sobre la guerra. Su valentía y honor los hicieron destacar en el ejército.
Participación en la Tercera Guerra Carlista
En 1871, José Juan se fue a Francia. Al año siguiente, en 1872, participó en un levantamiento. Fue ascendido a teniente por el general Antonio Dorregaray, quien lo nombró su ayudante.
El marqués de Castrillo demostró su valentía en varias batallas. En 1873, logró llegar hasta el general Dorregaray, abriéndose paso entre los soldados enemigos. Luchó en la batalla de Oñate y en la sorpresa de Peñacerrada, donde su caballo resultó herido.
Aunque cayó enfermo y estuvo a punto de ser capturado, se recuperó y volvió al combate. Participó en batallas importantes como Metauten y Lecumberri. También estuvo en la toma de los fuertes de Lizárraga y San Adrián, y en la de Estella. En la batalla de Montejurra, ganó una Cruz roja del Mérito Militar por su valor.
Durante el Sitio de Portugalete, se destacó tanto que fue ascendido a capitán y recibió otra Cruz roja del Mérito Militar. A pesar de enfermar de nuevo y tener que ir a Francia, siempre regresaba al campo de batalla. Luchó en la batalla de San Pedro Abanto y en las últimas acciones del sitio de Bilbao.
Los médicos le aconsejaron que dejara de luchar por su salud. Sin embargo, tan pronto como pudo montar a caballo, volvió con el general Dorregaray. Se distinguió en la batalla de Abárzuza, donde le ofrecieron la Orden de Carlos III. Él la rechazó, diciendo que era una recompensa para civiles y no para militares como él.
Continuó sirviendo en Navarra y luego en Cataluña, donde participó en varias acciones. Se destacó en el segundo ataque de Vich, ganando otra Cruz roja del Mérito Militar. A finales de 1874, su salud le impidió seguir en campaña. Se le concedió una licencia con el empleo de comandante y regresó a Francia. No volvió a España hasta mucho después de que terminara la guerra, sin reconocer al rey Alfonso XII.
Por su valentía, recibió tres Cruces rojas del Mérito Militar y las medallas de Montejurra y Vizcaya.
Después de la guerra
Después de la guerra, el marqués de Castrillo pasó tiempo con Carlos de Borbón, quien estaba exiliado. Carlos de Borbón le dio un lugar de honor a su lado y lo nombró parte de la junta que construiría un monumento a Tomás de Zumalacárregui, otro importante militar.
En 1893, el marqués de Castrillo tuvo una misión especial. Fue a África para ayudar a los heridos de la guerra de Melilla. Llevó donaciones de los carlistas para apoyar a los soldados. Su trabajo fue tan bueno que el 1 de enero de 1894, Carlos de Borbón le envió una carta elogiándolo. En la carta, Carlos de Borbón le agradeció por representar tan bien la causa y por su caridad.
El marqués de Castrillo siempre fue leal a la causa carlista. Fue presidente del Círculo tradicionalista de Madrid, que era un grupo político. También fue el líder de la Comunión Tradicionalista en las provincias de Málaga, Granada, Jaén y Almería. Allí trabajó para difundir las ideas de su grupo con gran disciplina.
En Madrid, creó una fundación para celebrar misas en memoria de Margarita de Borbón Parma, la primera esposa de Carlos de Borbón. Estas misas se realizaban en la iglesia de San Ignacio.
Cuando falleció en 1910, el periódico El Correo Español escribió sobre él. Destacó que tenía muchísimos amigos en todas las clases sociales. Era una persona generosa, cercana tanto a la gente de alta posición como a la más humilde.
Fue enterrado en el Cementerio de San Justo en Madrid. Estuvo casado con Emilia Crooke y Larios, con quien tuvo varios hijos.