Esconjuradero de Almazorre para niños
El Esconjuradero de Almazorre es un edificio muy especial que se encuentra en el pueblo de Almazorre, que forma parte del municipio de Bárcabo, en la comarca de Sobrarbe, en la provincia de Huesca, España. Almazorre está a unos 29 kilómetros de Aínsa y a 46 kilómetros de Barbastro.
Este lugar es parte de un entorno natural y cultural muy valioso, ya que está dentro del Parque Cultural del río Vero y del parque natural de la Sierra y Cañones de Guara. El esconjuradero se ubica en la parte alta del pueblo, justo al lado de la iglesia parroquial.
Junto con la Iglesia de San Esteban y la abadía, el esconjuradero ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC), lo que significa que es un monumento muy importante que debe ser protegido.
Contenido
Historia del Esconjuradero de Almazorre
¿Qué son los esconjuraderos y para qué servían?
Los esconjuraderos son construcciones típicas de la cultura y las tradiciones de los Pirineos. Antiguamente, la gente de la montaña creía mucho en las supersticiones y realizaba prácticas especiales para controlar el clima, igual que hacían con otros aspectos de su vida diaria.
Estos edificios eran lugares importantes donde el sacerdote y los habitantes del pueblo se reunían para pedir que las tormentas fuertes, que podían dañar los campos y las cosechas, se desviaran o desaparecieran. Por eso, los esconjuraderos suelen estar en puntos altos desde donde se puede ver un amplio panorama del cielo.
¿Cuándo se construyó el esconjuradero de Almazorre?
Algunos expertos creen que los esconjuraderos de la zona de Sobrarbe se construyeron entre los siglos XVI y XVIII. El esconjuradero de Almazorre, en particular, se estima que fue construido en el siglo XVII.
A lo largo del tiempo, el edificio ha recibido cuidados. En el año 1867, se realizó una reparación, y más recientemente, la Diputación General de Aragón lo ha restaurado para conservarlo en buen estado.
Una tradición local: el sacristán y las tormentas
La gente del pueblo cuenta una historia que se ha transmitido de generación en generación. Hasta bien entrado el siglo XX, cada vez que se anunciaba una tormenta con granizo, Miguel Trallero, quien fue el último sacristán de Almazorre, corría al esconjuradero. Allí, encendía un cirio que había sido bendecido en Pascua. El tamaño del cirio que elegía dependía de lo oscuro que estuviera el cielo y de la fuerza del viento, mostrando la fe y la esperanza de la comunidad en proteger sus cultivos.
Descripción del Esconjuradero de Almazorre
El esconjuradero es un edificio pequeño, de aproximadamente 2 metros por cada lado. Está situado en uno de los extremos de la abadía. Fue construido con piedras pequeñas y bien trabajadas, tiene un techo abovedado y está cubierto con losetas planas.
Posee una entrada principal con un arco de medio punto. Además, en cada uno de los otros tres lados, tiene aberturas con arcos de medio punto, lo que le da una apariencia característica y permite ver el horizonte desde su interior.